Jorge Valdés Díaz-Vélez (Torreón, Coahuila, México, 1955). Es autor de dieciocho libros de poesía. Los más recientes son Parque México (2018) y Soledad en llamas (2022). Se le han otorgado, en México, el Premio Latinoamericano de Poesía Plural (1985) y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1998) y, en España, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007) y el Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado (2011). Parte de su obra está incluida en numerosas antologías de poesía mexicana e iberoamericana publicadas en México y en otros países de América Latina, así como en Bélgica, España, Reino Unido, Italia, Grecia y Marruecos. Ha sido traducido al árabe, francés, griego, italiano, portugués, neerlandés, rumano e inglés.

Jorge Valdés Díaz-Vélez: El eco es la sombra que sostiene el último esplendor de tu abrazo.

MEDITERRÁNEO

Para Alfredo Castañeda, I.M.

Navegar hacia el mar, entre las calles

bruñidas por las hojas; alejarse

de la ciudad antigua, transitarla

de norte a sur, sin prisa, con el ruido

de los remos golpeando en el asfalto;

zarpar cuando la luna sea propicia,

sin llevar dotación ni una bandera

de advertencia del cólera y la fiebre;

escuchar sólo el viento, presentirlo

detrás de las montañas, respirar

su luz contra la sal, sobre cubierta;

franquear el arrecife de los techos,

del tráfico y el odio aprisionados

entre tantas paredes de concreto;

arrumbar hacia el límite; dar proa

al comienzo y el fin del territorio

sin mirar una brújula o un mapa

que señale el retén de la Vía Láctea;

no pensar en volver de ese horizonte

que habrá de ser azul, como el cobalto

sumergido en el fondo de tu abrazo.

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GINEBRA, VERANO DE 1986

(Mínimo homenaje a J. L. B.)

Un hombre se dirige al sur y espera 

escuchar un silbato. Hunde los puños 

en la tibia extensión de sus bolsillos:

un llavero de zinc, varias monedas 

echadas al azar; dentro de un sobre

la efigie de una dársena y dos caras

difusas tras un vidrio. Una es la suya.

La otra es del que aguarda un tren. Al fondo

resplandece un fanal entre la bruma

(Edipo y los enigmas: Buenos Aires,

espadas, laberinto, Islandia, espejos)

y el hombre del andén. Sin él se pierde

el último esplendor. Se abre una puerta.

El hombre que la empuja es uno y otro

quien traspasa la luz bañado en sombra.

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CADA GOTA

Para Marianne Toussaint

Nuestra ciudad sitiada es más que tierra

debajo de mis pies. Aquí los muertos

tomaron posesión de la vigila

y el péndulo del tedio. En su presencia

proyectamos la casa que reúne

la frágil estructura del relente, 

voces de celofán por navidades,

rostros en el café de sobremesa

que asomarán al filo de las tazas

cuando nos levantemos. En silencio

miro caer la lluvia en el jardín

de los laureles, escucho los ecos

de qué risas detrás del palomar

que han abolido. Al fondo, la pared

naranja en los colmillos de la herrumbre 

sostiene el esqueleto de la hiedra

y el tabique mojado. Cada gota

se bebe la ciudad que nos aleja

o nos vuelve a acercar hacia un vitral,

hacia una estancia ya deshabitada

por la piel que arderá como el pasado

cántico funeral sobre otros labios.

Bajo el grave rezongo de los truenos

brilla el último adiós de su aspereza.

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ABSENTA

No es la sombra del aire lo que brilla

en los bordes pulidos de las copas,

ni luz iridiscente que trasvase

los ruedos de cristal. Son otras voces

de qué ayer, de cuál silencio sin huella

o cielos de humedad lo que subsiste

en sus bocas perladas por el frío.

A simple vista nada es irregular

en el círculo abierto que cerramos

en honor de la noche. Pero acaso

el tacto de esos labios nos bosqueje

con cada sorbo helado la sonrisa.

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SUHAD

De pronto, en la hora alta, cae un rayo

que raja la penumbra y dos instantes

después, el latigazo del estruendo 

estalla en el cristal. Tiemblan mis manos

en el libro que leía. Otra vez

me estremezco, debió caer muy cerca

de aquí para encender mi sobresalto. 

Oigo el rumor del trueno al diluirse

un cerrar de ventanas en el piso

superior de mi vecina. La calma

se aposenta de nuevo entre las cosas

y el silencio. Retomo la lectura

de Ibn Arabi: «…cuando las moradas

del amor y el temor están cercanas…».

El eco del relámpago da tumbos

y asciende a reventar contra el espacio.

Jorge Valdés Díaz-Vélez (Torreón, Coahuila, México, 1955). Es autor de dieciocho libros de poesía. Los más recientes son Parque México (2018) y Soledad en llamas (2022). Se le han otorgado, en México, el Premio Latinoamericano de Poesía Plural (1985) y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1998) y, en España, el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007) y el Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado (2011). Parte de su obra está incluida en numerosas antologías de poesía mexicana e iberoamericana publicadas en México y en otros países de América Latina, así como en Bélgica, España, Reino Unido, Italia, Grecia y Marruecos. Ha sido traducido al árabe, francés, griego, italiano, portugués, neerlandés, rumano e inglés. Jorge Valdés Díaz-Vélez: El eco es la sombra que sostiene el último esplendor de tu abrazo.