POZOS
Lanzar el anhelo
al fondo de lo desconocido
y esperar que el misterio responda,
con esqueleto y piel bandera
en la montaña
o con las llaves del mundo.
Buscarnos incansablemente
en lo intocable,
en lo inaudible,
en lo invisible
en lo insondable…
Dejar que el azar responda
y creer por una fracción de minuto, que sí,
que lo tenemos controlado,
que somos amos y señores de nuestros deseos.
.
.
AMATISTA
¿Dónde anida el misterio
del color púrpura?
Deberás perder las uñas
en el intento de tocar mi corazón,
y navegar en el torrente cristalino
que muta de tonalidad
de acuerdo a la cantidad de Fe.
Mi lengua es electromagnética,
inocente al idioma de tu incertidumbre.
Sin embargo, te llevo a los lugares
donde el tiempo no se llama tiempo
y no queda más que aceptar
que la certeza del latido
trasciende las formas.
Ahora ve… (¿Ve?, ¿Ve?)
mezcla el azul y el rojo
como quien fusiona cielo y tierra,
y llévame a mí como antídoto
contra la embriaguez,
de tratar de definir lo infinito
con conceptos humanos.
.
.
DE ESO SE TRATABA
De eso se trataba
de encontrar esa parcela de verdad
que nos corresponde por un instante
y vivirla como si de eso dependiera el mundo.
—Y depende—
Ser todo lágrima o velero
bocado suculento
o líquido espeso atravesando la garganta
amante o verdugo
huracán o paloma
puño que se cierra
mano que se abre
oído auscultando el pecho
cabeza contra el pavimento.
Y entregados entonces
al antiguo oficio de vivir
sabernos contemporáneos
de todos los gozos
y todas las tragedias
reconocernos material encarnado
de toda risa y todo olvido.
