René Padilla Quiroz (Xicotepec de Juárez, México. 1986) es fotógrafo y storyteller mexicano quien, a más de una década de trabajo, ha encabezado múltiples proyectos fotográficos de índole cultural, publicitario y social con un gran sentido artístico y de responsabilidad social, miradas únicas que ha obtenido a través de su formación en Comunicación (BUAP), Estética y Arte (BUAP) y Fotografía (Academia de Artes de Florencia, Italia). Comprometido con su país, el ambiente, la microhistoria y la cultura cafetalera, además de los proyectos fotográficos el interés por el café lo ha llevado a fungir como tostador en la empresa “Xólotl articuladores de café” de la cual es fundador.

LA FOTOGRAFÍA Y LA EMPATÍA; RENÉ PADILLA QUIROZ

EL CAMINO (A FOTOS) HACIA LA EMPATÍA

¿Qué tanta realidad puede contener la fotografía? En sus inicios criticada por contener demasiada para ser arte y después por contener tan poca como para ser verdad.

Ese siempre ha sido tema de discusión con mis alumnos, pero en mi opinión es justo de esa selección, de la arbitrariedad con la que elementos son dejados fuera del encuadre, de donde surge el mayor potencial de la fotografía, y con ello su capacidad de generar empatía.

El arte te permite un vistazo a la mente del artista, a sus deseos, sus miedos, la fotografía te permite eso con el énfasis de permitirte ver el mundo a través de sus ojos (literalmente lo que su mirada observa y considera digno de ser capturado). Esto se vuelve más cierto en la fotografía documental, la construcción de narrativas por medio de la obtención de imágenes sin alteración, sin intervención del fotógrafo, más que en la decisión de lo que aparece y lo que no.

En este aspecto, yo soy totalmente escuela Mariana Yampolsky, quien a mi parecer es la mejor fotógrafa documental que ha puesto pie en México, ella siempre ha tenido una maravillosa capacidad de que aún sin color logra captar estos maravillosos fragmentos de realidad, con bellísima composición y sobre todo de una intimidad maravillosa con el sujeto, desde mi perspectiva, Yampolsky fotografiaba desde la empatía, y comencé a seguir sus pasos, desde una moderada (ella siendo absolutamente maravillosa, inalcanzable) distancia.  

Eso llevó a mi fotografía a encontrar su camino en los procesos, principalmente por un proyecto que me llevó a contar historias de diferentes comunidades. Me maravilló el descubrir que detrás de un proceso artesanal había más que una vida dedicada a eso, más que habilidad impresionante, había historia, herencia, y sobre todo el entendimiento de sus protagonistas de que no es un trabajo, es lo que los define, el hilar me convierte en hilador como lo fue mi padre, cada golpe del martillo me forja como forjador, como lo fue mi abuelo. 

Observar eso me permitía apreciar el objeto como algo mucho más profundo que su valor utilitario, como portador de herencia, de vida, de reconocer en él al artesano que lo creó, por ello sentí  que el compartir estos procesos, esas historias, podrían permitir a quienes la vieran dar ese pasito hacia la empatía con sus protagonistas y de paso contribuir a contrarrestar un poquito, el consumismo que nos abruma, al revalorizar aquellos productos que han acompañado, vestido y alimentado a México desde tiempos inmemorables.

En ese andar de los procesos, con enorme énfasis en el café, hice mi fotografía favorita, situación que me parecía imposible (pregúntele a un poeta por su poema favorito) hasta que llegó esta, mal encuadrada, no con la mejor luz y ligeramente desenfocada foto y es mi favorita (primera vez que lo acepto en público).

En esta imagen donde vemos a Don Cano cargando un saco de café está tomada así, porque yo venía cargando un saco de café, al igual que él, veníamos caminando de la misma casa, por la misma obscura vereda, sentíamos el mismo frio, olíamos el mismo café, y cuando vi que iba a pasar por la luz justo me dio tiempo para con una mano hacer la foto y pensé que era lo más cerca que había estado de hacer una foto en empatía con mi sujeto, era solo un vistazo, un ratito en su vida, pero, ¿No es eso, una de las mejores cosas a las que un artista puede aspirar?

No crean que me engaño, es solo un paso más cerquita, hasta ahora, después de 12 años haciendo foto, de cientos de alumnos que tanto me enseñan, aún no tengo la certeza de que a través de la fotografía logremos alcanzar una verdadera empatía. Pero tengo el presentimiento de que, como en toda forma de arte, no existe la certeza de un destino, pero cuán importante es conocer la dirección en que se avanza.