TAN TÚ
Apaño como puedo
tu muerte,
e intento asimilarla con dignidad
mientras
introducimos tu cuerpo en el sudario.
Mamá,
la vida no me preparó para esto
y heme aquí,
ante tu pecho ya seco,
tan indefenso,
tan endeble,
tan niño perdido,
tan herido…
Dicen que el corazón no duele
pero,
¡Cómo duele este dolor de ausencia
que me has dejado dentro!
¿Quién lo puede negar?
Y yo aquí,
con este dolor tan perenne
que me consume,
grito a los árboles de la muerte
que resguardan tu morada
y ellos se hacen los sordos
tan despreciables,
tan certeros,
tan crueles,
tan malditos…
Busco amparo,
en el tiempo que compartimos
y no encuentro más que retazos descuartizados
por la demencia que te borró de tus adentros,
a ti,
que tenías un espíritu fiero, noble y bondadoso
te dejó
tan débil,
tan dócil,
tan poco,
tan nada…
Quiero, por los que me quieren,
que el tiempo
vaya macerando
esta llaga que me ha quedado
en el alma,
y que poco a poco,
a medida que me va consumiendo
me dé el valor para recordarte
como te mereces;
tan fuerte,
tan valiente,
tan irreductible,
tan TÚ.
Amor animi arbitrio sumitur, non ponitur.
(Publio Sirio)
“El amor del alma se asume pero no se impone”
.
.
EL ENTERRAMIENTO
¿Quién es el difunto madre?
¿Tú?
¿O este yo desganado que me has dejado?
¿Dónde está la razón madre?
Cuando el corazón se resquebraja
y se agrieta la garganta,
sólo los ojos son los que hablan.
Las noches se han convertido en eternidad
y la eternidad se ha vuelto macabra y fría,
y el frío
es una muerte que no acaba de fraguarse
y los recuerdos…,
son la Santa Compaña que atormenta mis días.
¿Qué puedo hacer madre?
Cuando la memoria recrea una y otra vez
la imagen de esa macabra paz
que manifestaba tu rostro
después de sellar tu boca y pegar tus ojos.
Si la tanatopractora
hubiera sabido de tu carácter
me pregunto:
si se hubiera atrevido a tocarte
un solo pelo de tu cabeza.
Hoy quisiera, madre,
abrigarte con mis brazos
y desgarran mis ganas
ese abrazo de muros de hormigón y bloques
que te retienen y pudren
y, aunque intento calmar este infierno
que me consume
obligándome a creer en tu Dios,
no logro apaciguarlo
porque de nada sirven las creencias
cuando un corazón se rompe,
sencillamente se desangra
y no hay máscara que lo cubra
ni vino que lo sacie,
simplemente es víctima
de la vid salvaje que cultiva la muerte.
Madre,
introduje tu ataúd en el nicho
y sin darme cuenta,
creo,
que me enterré contigo.
Brevis ipsa vita est sed malis fit longior.
(Publius Syrus)
“Nuestra vida es corta, pero se hace más larga por las desgracias”
.
.
BESÉ TU FRENTE FRÍA
Besé tu frente fría,
y tu rostro inerte
auguraba un futuro de crueles tormentas.
Besé tu frente fría,
tus manos, entrelazadas sobre tu regazo,
advertían de la crudeza del porvenir.
Besé tu frente fría,
y en tu pecho vacío,
no había espacio para la esperanza.
Besé tu frente fría,
y mi corazón, disimuladamente,
se resquebrajó por dentro.
Besé tu frente fría,
a las puertas de tu última y eterna morada
y supe que allí
también enterraría una parte de mí.
Besé tu frente fría,
y desgraciadamente, madre
ese es el único beso que hoy me une a ti.
Hinc illae lacrimae.
(Terencio, Andira)
“Este es el momento de las lágrimas”
