Manuela Salinas: La levedad de un ave salvaje es inacabable.

De reojo el ruido es el mismo

La falsa llama está deformando el mundo

y finalmente cansados

—sin patrones que olvidar—

recurrentes historias de terror 

sacuden espejismos

entre miles de toses fieles 

a la juventud del cielo

La torpeza de todos esos años

las primeras sonrisas 

los labios rojos…

No hay caricia que iguale esa nobleza.

.

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Estas palabras hijas de un sentimiento inútil

—idea estéril que perfora la piel—

pertenecen a una sombra sin dueño

A la luz terrenal del día, 

migratoria especie inacabable

son voz espesa que se doblega ante el tiempo

Un vaso cerrado

frente a una luz que mira

una flor que llora

contra un abismo nocturno

el fusil que fue usado para predicar 

el camino de los días.

.

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***

Tengo una fantasía

Puedo verte enmudecido

por una brisa mediterránea 

que en contraste con tus ojos claros

soporta mil siglos las profundidades

donde llega el espíritu

De repente, tu alma

se vuelve un ave salvaje

que me muestra sin desgracia

la afinidad que existe

entre invierno y fuego.

.

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Crecer es una raíz antigua 

que proviene del lamento de una madre 

Es la fuerza vencedora del mundo;

millones de huesos tejen la oración a la quimera

que sujeta los eslabones del tiempo 

La mirada enturbia su placidez 

dispersa en un segundo impreciso 

La levedad del cuerpo que la importuna

sujeta en el último grito, la vida.