CORDERO INMOLADO
Caminé por una mina y
el contoneo de las caderas
voló lejos de mí.
Me amputaron el brazo
y cayó a la hondura
de sus perversidades.
Me cortaron la oreja para ofrendarla
a un pederasta.
Me lanzaron ácido en el rostro
y me hice irreconocible ante mi tribu
y el espejo.
Me manosearon el cuerpo hasta gastarse
las manos, las bocas y los miembros…
Cómo me río de esos tontos
que ni siquiera estuvieron cerca
de tocarme el corazón
.
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INTRODUCCIÓN A LA BELLEZA
La belleza no etiqueta,
no seduce a mariposas ni a fieras,
no cuelga de las ventanas.
La belleza se conquista en la muerte.
Engendra desdicha o felicidad.
La nombran ruina o fortuna.
¡La codiciada belleza!
Joya que redimes si decapitas
a los cleptómanos de llaves.
Florece con la humildad.
No se perturba ante la lisonja
y se multiplica cuando la regalas
-si la sabes regalar-
Dale un campo a la belleza:
derroca a Medusa,
escupe los siete bodrios.
¡Ah, la belleza del alma!
Les dejo una media catana
en cada mano, señores,
me voy a librar mi propia batalla.
.
.
SOBRE ILUMINADOS Y OTROS CUENTOS
Esclavo es aquel que espera por alguien que venga y lo libere.
Ezra Pound
Con la luz de un pábilo
el verbo en alza
se declara la guerra a sí mismo,
no entrega su voluntad
a las efigies.
Encarna el sacrificio que huele a muerte,
a pavor, a resbalo por el desfiladero.
Le advierte a su tribu que
no acepte las cadenas
aunque sean de oro,
aunque el discurso sea divino,
aunque le prometan espejos
o bonanza eterna.
Insiste en que vean el sol de frente,
no se dejen llenar los oídos de
gusanos ni la boca de ácido
¡¿No que estaban muertos de sed?!
Que no los engañe
el disfraz perpetuo de lo efímero,
el pan tierno del sometimiento,
la miel de la aprobación.
Rompe los dientes liberarse
-y cómo no- él se rompe los bolsillos
y arroja la basura que le
deposita a diario el mundo.
Escribe versos de amor y fe.
No presta su puño a quienes
se lucran con mutilados credos
y se proclaman gurús de los demás
y levantan un pedestal con sus
propios nombres.
¡Miserables todos!
los dirigen por donde no quieren ir
igual, van.
Qué manera deliciosa
de morderse los labios con
envidia por las cadenas
tan poéticas de aquel tonto.
