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Ser poeta significa
llegar al final
al final del movimiento
al final de la esperanza
al final de la pasión
al final de la desesperación
Entonces sólo cuenta
no una vez no una vez
o puede suceder que
la suma de vidas resulte
ridículamente baja
¡Como un niño te tambalearás
por siempre en una tablita de multiplicar!
Ser poeta significa
llegar al final cada vez.
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Seguro retornaré,
y lo harás,
y lo haremos.
E incluso este momento volverá.
Sin embargo ya no seré yo.
Ni serás tú,
ni seremos nosotros,
quienes para entonces
se recuerden en un abrazo.
Seremos, pues,
vestigios del fuego que nació alguna
vez.
Y si caemos en la ceniza que Prometeo
nunca conoció,
nos cuidarán las águilas que sueles ver.
Y una partitura nos cubrirá,
cuando el ruido sea fuerte
y ya no recordaremos esas canciones
que también nos bailaron alguna vez.
Pues, olvidaría hasta lo que nunca supe,
por recordarte lo que siempre fuiste.
Y perdería lo que nunca tuve,
por cuidar de lo que eres.
Pues qué somos, si no somos este
poema.
Te hablo a ti,
le hablo al mundo.
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¡Llévame contigo a donde quiera que vayas!
Ya sea que vayas lejos o hasta la casa de campo.
No interferiré contigo. No, no querría eso.
¡Me hago más joven! ¡Quieres! No tendré cuerpo.
Seré sólo una niñita, sólo un perro, seré pequeña.
Sólo te pondré una bufanda alrededor del cuello…
Ya sea que vayas lejos donde el dolor no duela,
ya sea que vayas a tu trabajo arduo de cada día.
¡Llévame contigo! ¡Me convertiré en cualquier cosa!
Seré una migaja en tu bolsillo, por ejemplo.
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“El sentido de la poesía no consiste en deslumbrarnos con una idea sorprendente, sino en hacer que un instante del ser sea inolvidable y digno de una nostalgia insoportable”.
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LA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE
En la rima y el ritmo hay un poder mágico: el mundo informe al ser apresado en un poema que responde a reglas fijas se vuelve repentinamente diáfano, regular, claro y bello. Si la muerte sobreviene precisamente cuando al final del verso anterior le ha tocado en suerte, hasta ella misma se convierte en parte armónica del orden establecido. Aunque el poema protestara contra la muerte, la muerte quedaría justificada, al menos como motivo de una bella protesta. Los huesos, las rosas, los féretros, las heridas, todo se convierte en el poema, en un ballet y el poeta y su lector son los bailarines de ese ballet. Claro que los que bailan tienen que estar de acuerdo con el baile. A través del poema, realiza el hombre su concordancia con el ser, y la rima y el ritmo son los medios más drásticos de obtener esa concordancia. Y, ¿no necesita la revolución triunfante la certificación brutal del nuevo orden y, por lo tanto, una lírica llena de rimas? El hombre que ha sido desterrado del refugio seguro de la infancia, quiere entrar en el mundo, pero, al mismo tiempo, le teme, y por eso crea con sus versos uno artificial, supletorio. Deja que sus poemas giren en torno a él, como las plantas lo hacen alrededor del sol; se convierte en el centro de un pequeño universo, en el que nada le es extraño, en el que se siente en su casa, como el niño dentro de la madre, pues todo está hecho de la misma materia que su alma.
