BITÁCORA LIGERA
Mientras navego en este mar profuso
llevo una bitácora de viaje:
Alguien se despide en Tenerife.
Una mujer mira el vacío
desde su propia cumbre.
Alguien repite una y otra vez su foto.
Una rosa ya seca y aún hermosa
cuelga de su tallo.
Alguien se despide en la estación:
su sonrisa dibuja una lágrima.
Siente el sabor del mar cuando se alejan.
Un niño cumple años
bajo el sol de Sevilla.
El árbol de papaya
huele a jazmín cuando florece.
Alguien copia un poema inabarcable
que desaparece en la marea.
Es un lugar de paso, navegante.
Apenas lo has mirado ya no estabas.
Un guitarrista insomne
termina su tarea y vuelve a casa.
Apenas se sonríe
entre la multitud y los aplausos.
Vuelve a casa.
Es un lugar de paso
y se desaparece en la marea.
Alguien llora detrás las palabras.
En la huerta hay zapallos,
ella recoge las flores amarillas
y las dispone en una fuente.
Allá hay naranjas
que ha arrojado el viento.
Ahora las rodajas
son un sol deslumbrante.
Alguien enhebra una aguja;
borda sirenas en un bastidor
o cose un botón para su saco.
Una niña prende con alfileres
los agujeros de la noche
Todo se pierde en la marea.
Ligera es la bitácora, viajero.
.
.
ESCRIBIR
Escribir contra toda esperanza
con eso que nos corroe
como a una vieja lámpara
cuyo pabilo titila todavía.
Escribir sin pensar
con esa emoción desbaratada
entre el esternón
y
las costillas.
Trazar signos
como estrellas fugaces
en la noche del alma
y no aferrarse a nada,
dejarse ir
sin bordes, sin orillas,
hambrientos de infinito
sin una sola nube
que nos salve.
.
.
UN PÁJARO BLANCO A ORILLAS DEL CAMINO
He visto un pájaro blanco
a orillas del camino;
lo he seguido
con ardiente paciencia
para guardar su imagen,
pero el pájaro blanco
se ha escabullido
entre las flores
y zarzas
del camino.
Ya no haré el retrato
de un pájaro blanco
a orillas del camino,
pero en mi corazón
crece una rama
para que se pose cuando quiera.
