XXIV
Y regresaré de bruces,
a buscar tu imperio
sobre el barro.
Enterraré tu hoguera
y ese fuego que parecía
arrellanado, con su brusca
brasa de ayer.
Me acunaré sobre tu espalda,
sobre tu lengua silenciosa,
sobre tu cuerpo original.
Seré una palabra que repta,
que pende de tus labios.
Seré la apresurada
forma de tu olvido;
nuestro recuerdo en desuso.
Remendaré a coincidencias
este suspiro en que perdí,
y llegaré, a destajo,
con tu nombre estaqueado
en el pecho
donde alguna vez
reinaron tus espigas.
Y SOLO PORQUE NO ESTARÁS
Te quiero por silueta,
por marea de piel,
por fúlgido temor
de tu nombre,
por el huérfano
de querencias
que soy sin ti,
por el desvencijado esqueleto
de los viejos sin amor
y por el lastre ungido
que me concederás
cuando te marches.
HIJO DEL SIGLO
Yo luciré justo donde brotan los tallos muertos,
donde se erigen las espinas,
donde alguna hiel busca su veneno.
Yo me voy a convertir
en la asfixia de la calle,
en un rizoma torcido,
en el odio que se calla y
en la noche sucia de alcohol
y de sangre y de esquirlas.
Y atravesado por el acero de los siglos,
desangelado, con la luna célibe,
plañiré en el lecho de algún Dios.
