ROMPE HOGARES
Y así fue como bailamos: arrastrando los vestidos
blancos de nuestras madres, agosto
nos teñía las manos rojo oscuro. Y así amamos:
medio litro de vodka y una tarde en el desván, tus dedos
acariciando mi pelo, mi pelo un incendio. Nos cubríamos
los oídos y los arranques de tu padre se convertían
en latidos. Cuando nuestros labios se tocaron el día se cerró
como un ataúd. En el museo del corazón
dos personas sin cabeza construyen una casa en llamas.
La escopeta siempre estuvo sobre la chimenea.
Siempre hay tiempo para matar, -sólo para rogarle a dios
que te lo devuelva. Si el desván no, el coche. Si el coche no,
el sueño. Si el chico no, su ropa. Si vivo no,
cuelga un teléfono. Porque el año es una distancia
que hemos recorrido en círculos. Es decir: así
bailamos: a solas en cuerpos dormidos. Es decir:
así nos amamos: en la lengua un cuchillo que se vuelve
lengua.
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UN POCO MÁS CERCA DEL PRECIPICIO
Son lo suficientemente jóvenes para creer
que nada puede cambiarlos y así entran de la mano
al cráter que dejó la bomba. La noche está colmada
de dientes negros. Su Rolex falso, que en unas semanas
se estrellará contra su mejilla, ahora se desvanece
como una pequeña luna detrás de su pelo.
En esta versión la serpiente no tiene cabeza; está inerte
como una cuerda desatada de los tobillos de los amantes.
Él levanta su falda blanca de algodón y revela
otra hora. Su mano. Sus manos. Las sílabas
dentro de ellas. Oh, padre, Oh presagio, empuja
hacia su interior, mientras el campo se hace trizas
con el gemir de los grillos. Muéstrame cómo la ruina construye su hogar
con huesos de cadera. Oh, madre,
Oh, minutero; enséñame
a estrechar a un hombre como la sed
estrecha al agua. Permite que todos los ríos envidien
nuestras bocas. Permite que cada beso golpee el cuerpo
como una estación. Donde las manzanas retruenan
sobre el mundo con pezuñas rojas. Y yo soy tu hijo.
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A MI PADRE / A MI FUTURO HIJO
Las estrellas no son hereditarias.
Emily Dickinson
Había una puerta y luego una puerta
rodeada por un bosque.
Mira, mis ojos no son
tus ojos.
Me atraviesas como lluvia
que se oye
desde otro país.
Sí, tienes un país.
Algún día lo encontrarán
mientras buscan barcos perdidos…
Una vez me enamoré
durante un choque en cámara lenta.
Nos veíamos tan en paz, el cigarro flotando desde sus labios
mientras nuestras cabezas latigueaban
en el sueño y estaba perdonado.
Pues lo que oíste, o vas a oír, es verdad: yo escribí
un tiempo mejor sobre la página
y miré cómo el fuego la reclamaba.
Algo siempre se estuvo quemando.
¿Entiendes? Cerré mi boca
pero aún podía saborear la ceniza
porque mis ojos estaban abiertos.
De los hombres aprendí a alabar el grosor de las paredes.
De las mujeres
aprendí a alabar.
Si te dan mi cuerpo, tíralo.
Si te dan cualquier cosa,
asegúrate de no dejar
huellas en la nieve. Sabe
que nunca elegí
el sentido en que las estaciones se suceden.
Que siempre fue octubre
en mi garganta
y tú: cada hoja
que se rehúsa a oxidarse.
Rápido. ¿Puedes ver el rojo oscuro cambiando?
Esto significa que te estoy tocando. Esto significa
que no estás solo, incluso
cuando no lo estás.
Si llegas antes que yo, si no piensas en nada
y mi rostro aparece ondeando
como una bandera rota, date la vuelta.
Date la vuelta y encuentra el libro que dejé
para nosotros, lleno
de todos los colores del cielo
que los enterradores han olvidado.
Úsalo.
Úsalo para probar que las estrellas
siempre fueron lo que sabíamos
que eran: las heridas
de cada
palabra mal disparada.
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SIN TÍTULO (AZUL, VERDE Y CAFÉ):
ÓLEO SOBRE LIENZO: MARK ROTHKO: 1952
La tele dice que los aviones han derribado los edificios.
Y yo dije Sí porque me pediste
que me quedara. Quizá rezamos de rodillas porque dios
sólo escucha cuando estamos así de cerca
del diablo. Hay tanto que quiero decirte.
Cómo mi orgullo más grande
era atravesar el Puente de Brooklyn
sin pensar en volar. Cómo nuestras vidas se parecen al agua: mojamos
una lengua nueva sin confesar
a lo que nos hemos enfrentado. Dicen que el cielo es azul
pero sé que es negro si lo miras desde muy lejos.
Siempre recordarás lo que estabas haciendo
cuando te duela más. Hay tanto
que necesito decirte, pero sólo me gané
una vida. Y no tomé nada. Nada. Digamos un par de dientes
al final. La tele siguió diciendo Los aviones…
Los aviones… y yo me quedé parado en el cuarto, esperando,
hecho de cenzontles rotos. Sus alas palpitando
entre cuatro paredes borrosas. Y tú estabas ahí.
Eras la ventana.
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«Trabajar duro y hacer una sola cosa de la que estás orgulloso es un acto poco común y poder hacerlo, aunque sea una sola vez, es una buena vida».
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“A veces, cuando me descuido, pienso que la supervivencia es fácil: que lo único que tienes que hacer es seguir moviéndote hacia delante con lo que tienes, o con lo que te queda de lo que te fue dado, hasta que algo cambia, o caes en la cuenta, por fin, de que puedes cambiar sin desaparecer, que lo que tienes que hacer es esperar hasta que la tormenta te pase por alto y veas que, en efecto, tu nombre sigue asociado a algo con vida”.
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“Dicen que nada dura para siempre, pero tienen miedo de que dure más de lo que pueden amarlo”.
