Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, Venezuela, 1930). Es un poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Formó parte del grupo «Tabla Redonda» de Latinoamérica a comienzos de la década de los sesenta. En 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2009 el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara, México, entre muchos otros, Cadenas también fue galardonado en 2018 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y en 2023 con el Premio Cervantes, siendo el primer venezolano en recibir el reconocimiento. Cadenas se lanzó a la creación poética a temprana edad, sus obras han sido aplaudidas por la crítica y valoradas como claves si se desea un análisis profundo de la realidad a través de la lírica; suele vincularse su estilo con el pensamiento filosófico y se lo compara con autores como Hölderlin, Rilke y Gorostiza. Al acercarse a su voz, el lector puede encontrarse con un universo mágico, lleno de matices y capaz de transportarle a otro espacio, para reflexionar sobre las cosas más relevantes de la vida.

Rafael Cadenas: Mi indolencia se inicia con la vida.

VENGO DE UN REINO EXTRAÑO…

vengo de una isla iluminada,

vengo de los ojos de una mujer.

Desciendo por el día, pesadamente.

Música perdida me acompaña.

Una pupila

cargadora de frutos

abandonados

se adentra

en lo que ve.

Mi fortaleza,

mi última línea,

mi frontera con el vacío

ha caído hoy.

Música entregada en el desastre.

Mis manos han sentido crecimientos puros.

El amor ya no avanza ahogándose en preguntas.

Claridad sin quimera se insinúa, lenta.

.

.

*

Tú que caminas esta noche en la soledad de la calle,

vas llena de besos que no has dado.

Del amor ignoras la escritura prodigiosa.

Aunque no me conoces, en mi cuerpo tiembla el mismo

mar que en tus venas danza.

Recibe mis ojos milenarios, mi cuerpo repetido, el susurro

de mi arena.

.

.

AUSENCIA

Te he buscado, ala de mar, infantil.

Las aguas arrasaron la verde claridad.

Se llevaron la casa que fundé entre indigencias.

Doy vueltas en una ciudad, sin objeto, como devolviéndome.

Perdidas dinastías de los ojos, por entre duras calles

transcurro.

Déjame el camino franco hacia el valle, reino de la frente ofrecida.

Mi voz se pierde entre estos veleros que saben ser sordos,

entre cajas de manzanas, en la piel de los pilotos.

Esplendor que te confundes con mi infancia, renunciaré

a los fulgores bebidos.

Sé acariciar el día desde un oscuro jardín.

No supe si mi cuerpo acompañaba mi frente.

¿Quién creerá a mi habla seca, el fuego que conocieron

mis rodillas, lo que mis manos tocaron?

Mi palabra siempre nacerá donde la arena comienza.

Yo estaré en la ciudad, sin validez, frente a las puertas

humilladas.

Volveré a tu silencio, ciego litoral.

Pero no esperes mis ojos.

¿Quién celebra la llegada del nuevo día, el advenimiento

de la niebla, el término de la levedad?

Otra temporada se inicia y mi esclavitud a los dioses

transparentes ha terminado.

.

.

DESPEDIDA

Nuestras inscripciones fueron barridas,

nuestros lugares devorados por la arena,

nuestras fiestas convertidas en fogatas que avientan

    su ilusorio mediodía.

Contemplamos la devastación.

Todas las creaciones de nuestros ojos

se hunden.

Respiramos

separación. El cisma

es nuestro

refugio.

No hay luz que nos enlace

pero una vez

corrió el licor abandonado,

desconocidas fuerzas de unión

manaron para marcar a fuego

toda la vida.

Ahora

quiero sentir sobre mí la alianza

que anonadó nuestros rostros.

Devuélveme el fulgor

y los ojos que le pertenecen.

El vino se ha eclipsado.

Los días de los amantes también pasan.

Excelencia de lo vivo sobre lo vivido.

Costa que se aleja,

puedes

darme el poder

de vivir en otra parte.

.

.

DERROTA

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo que creí

que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido

que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy

que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi

flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, Venezuela, 1930). Es un poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Formó parte del grupo «Tabla Redonda» de Latinoamérica a comienzos de la década de los sesenta. En 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2009 el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara, México, entre muchos otros, Cadenas también fue galardonado en 2018 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y en 2023 con el Premio Cervantes, siendo el primer venezolano en recibir el reconocimiento. Cadenas se lanzó a la creación poética a temprana edad, sus obras han sido aplaudidas por la crítica y valoradas como claves si se desea un análisis profundo de la realidad a través de la lírica; suele vincularse su estilo con el pensamiento filosófico y se lo compara con autores como Hölderlin, Rilke y Gorostiza. Al acercarse a su voz, el lector puede encontrarse con un universo mágico, lleno de matices y capaz de transportarle a otro espacio, para reflexionar sobre las cosas más relevantes de la vida. Rafael Cadenas: Mi indolencia se inicia con la vida.