MIL NOCHES, EL MISMO DÍA
En un altar hecho de mil noches
memoria al mismo día,
una plegaria grita en soledad.
La radio busca una voz entre el ruido
en el armario lleno con abrigos sin usar
un traje, el testigo, el inmortal
aguarda encadenado a mi reloj.
De qué sirve el mundo entero como hogar
sin esa fuerza misteriosa
manteniendo todo en su lugar
el destino, los sueños, mi vida.
En medio de fiestas, sonrisas y estaciones
desde cualquier punto de la casa
puedo ver el mismo día
con las noches bien abiertas a la posibilidad.
Con una melodía de petirrojos
el jardín y el espejo me avisan
que después de una larga noche
al fin llegó el día.
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EL ÚLTIMO CAFÉ
Quisiera que todo el tiempo
ocurra en este ordinario momento
y que la nada brote de mi mudo adiós.
Tengo ganas de no existir
desde que supe que era inmortal
ser la singular materia que no se transformó.
En el horizonte de la iglesia
surgieron mil razones más
para que este sea mi último café.
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EN EL OTOÑO DEL PARQUE
Me encantas de tobillos a cabeza
¿no es evidente que los pies no?
siempre avanzando en la dirección errónea
diluyéndote en el otoño del parque.
Odio cada paso que das
rosando apenas la realidad
y tus cabellos dorados
estallando en el atardecer.
Me odio tanto por no poder seguirte
¿no es evidente que a mis costillas no?
sostienen con inútil fuerza
lo único que me queda de ti.
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UN DÍA LA MIRARÉ
El día dura veinticuatro segundos
el mundo mide treinta metros
antes como cuarenta
cuando mi vista era mejor.
Mi vida está a mi derecha
sobre un balcón
siento que me mira
y no la quiero asustar
dejo que cada día me cante
esa melodía codificada
mientras recorro el telón.
La imagino admirada
la siento desde los brazos
hasta mi espalda encorvada
casi la puedo mirar enamorada
hasta un día creí escuchar
que yo era su gran amor.
La he encontrado y la he perdido
en veinticuatro estacionales pasos
ha sido mi guía en las peores
y más tristes tormentas
en las más altas olas
a punto de naufragar en asfalto
su canto siempre me guío.
Tanto temor por espantar su mirada
por fin la voy a afrontar
un año cualquiera
en uno de sus millón trescientos días
vamos a intercambiar miradas
un largo silencio
y una confesión de veinte cartas.
Es eso y seremos todo
o es el sol
a mi izquierda
jugando a ser Dios.
