El pasado viernes 12 de agosto, el escritor británico de origen indio Salman Rushdie de 75 años, fue atacado en un recinto del estado de Nueva York donde se disponía para una presentación literaria. Fue apuñalado diez veces frente a su público y aunque su salud, por fortuna va en mejora, continúa en situación crítica.
Este hecho no se trata, en ningún momento, de un acto aislado, es en realidad la consolidación de un hecho planeado desde hace décadas, o al menos deseado por radicales musulmanes que han pedido la cabeza de Rushdie desde 1989. Con esta afirmación, en ningún momento quiero señalar a una religión como culpable, sino más bien, al radicalismo que ocupa los tronos dogmáticos y los pedestales principales de las instituciones de fe.
Debe resaltarse, en todo momento, que el ataque no fue únicamente el apuñalamiento de un hombre de 75 años, es un ataque directo contra la libertad de expresión, el arte y la literatura, pues aquellos años de persecución en contra de aquel arte que se aleja de un dogma predispuesto y es enlistado como trasgresor y pagano, parecen haber vuelto. ¿Acaso alguna vez se fueron?
Pero, ¿por qué un hombre mayor dedicado al cien por ciento a su literatura es blanco de este tipo de violencia radical? Tras haber escrito su galardonada novela “Hijos de medianoche” y un par de novelas más, en 1989, Salman Rushdie publicaría el libro “Los versos satánicos”, misma que provocó desde su título, una controversia evidente. No obstante, a pesar de ese fuerte título, la novela está dividida en tres historias que distan de una relación con el ámbito satánico o de una inminente crítica a la fe, en realidad es un texto donde únicamente pueden hallarse paralelismos, completamente interpretativos, sobre algunos sucesos y retóricas de los dogmas judeocristianos.
En la primera historia de este libro, dos indios se precipitan de un avión, ambos sobreviviendo, uno convirtiéndose en ángel, y el otro adoptando una fisionomía que incluía cuernos y pezuñas. La segunda historia narra la aventura de una niña india que lidera un peregrinaje de campesinos musulmanes rumbo al mar, donde perecen ahogados. Y finalmente, la historia que más ruido produjo entre la comunidad radical; una tercera historia donde su protagonista aparece como un profeta que funda una nueva religión en medio del desierto. Y aunque, esta historia es la más corta de las tres que incluye este libro, es definitivamente la que incendió la furia de algunas comunidades musulmanas, asegurando que ésta era una burla hacia Mahoma.
Rápidamente, este libro fue prohibido en distintos países, tales como India, Sudáfrica, Arabia Saudita, Egipto, Pakistán, Somalia, Sudán, Malasia, Bangladesh, Indonesia y Qatar. Pero el comienzo de la pesadilla de Salman Rushdie se daría un 14 de febrero de 1989, cuando el ayatola Ruhollah Jomeini, líder dogmático de Irán, anunció por la radio de la capital Teherán su fatwa, concepto religioso que incentivaba a la comunidad musulmana a asesinar al escritor británico, acusándolo de apostasía, crimen que se castiga con la muerte. No conforme con lo expuesto, el Jomeini anunció que ofrecía una recompensa de tres millones de dólares para aquel que diera muerte a Salman, y anunció de misma manera, que el edicto de ejecución no solamente era para el británico, sino para cualquier editor que se atreviera a publicar y difundir su libro.
Salman Rushdie viviría once años oculto en Londres, donde tuvo protección absoluta de la policía británica. Lamentablemente, sus editores y traductores no correrían con la misma suerte de protección. En 1991 Hitoshi Igarashi, su traductor al japonés fue asesinado en Tokio, mientras que, en Milán, su traductor al italiano Ettore Capriolo fue apuñalado. Dos años después, su editor en Noruega, William Nygaard fue baleado afuera de su casa en Oslo.
Salman estaba oculto e ileso, pero quienes habían creído en él y en su literatura, no estaban a salvo ya. Así que, en 1990, tratando de frenar esta ola de violencia, el británico de origen indio publicó “In Good Faith”, un ensayo donde enfatizaba su total respeto por el Islam. Los actos de violencia pararon momentáneamente, aunque para su mala suerte, en 1997, la recompensa de su muerte se había multiplicado ya.
Un año más tarde, tratando de pulir las relaciones con el Reino Unido, el entonces presidente de Irán, Mohammad Jatami, aseguró que la fatwa dictada entonces por el ayatola Jomeini, había caducado. Incluso, Jomeini había muerto meses después de haber anunciado el edicto. Y aunque el hecho hizo que Salman Rushdie finalmente dejara de ocultarse, años más tarde, en el 2005 el nuevo ayatola de Irán dictó como vigente dicha fatwa, y Salman volvió a ser blanco del odio religioso.
Tras años de persecución, de ocultarse tras una cortina policiaca, tras la confianza que el pasar del tiempo te brinda y una edad en la que Salman seguramente no planeaba esconderse más, él bajó la guardia. Hadi Matar de 24 años se abalanzó contra él para apuñalarlo diez veces entre el rosto, el cuello y el abdomen.
Tras días en estado crítico, manteniéndose con vida por medio de un respirador artificial, Salman Rushdie ha vuelto a respirar por cuenta propia, aunque se mantiene en estado de gravedad; ha perdido un ojo y su hígado dañado ha dejado de funcionar. Salman, un hombre de 75 años de edad fue atacado por edicto religioso infundado que fue establecido hace 33 años por un hombre también hace 33 años murió. A Salman Rushdie lo atacó un joven de 24 años que siguió una orden religiosa dictada por un hombre muerto 9 años antes de que el perpetrador naciera. Salman Rushdie, un hombre de 75 años que ha dedicado su vida la literatura, fue atacado por haber sido señalado apóstata y pecador, sólo por el hecho de haber escrito un libro con un estilo apegado al realismo mágico, donde pueden hallarse paralelismos con algunos pasajes de los libros sagrados de las religiones judeocristianas, incluido el Corán.
Salman Rushdie ha sido atacado por un cuchillo empuñado por el odio, por la intolerancia, por el extremismo religioso, mientras él ha dedicado su vida a la literatura, al realismo mágico, al discurso de la amistad y a la unión de comunidades mediante el arte. Salman Rushdie ha sido apuñalado, y también la literatura, también el arte, también el mundo.
Javier Gutiérrez Lozano
