RABIA
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Vengo escupiendo fuego.
Escupiendo espejos.
Insípida.
Erosionada.
Me estoy envenenando el alma.
Aléjense que sudo espinas.
Emito graznidos.
Estoy cubierta de escombros retóricos.
Miro turbulencias.
Respirar resulta caótico.
De mis manos obtendrán rasguños punzantes.
Mi corazón tiene ecos de perversión.
Las lágrimas se las tomó Lilith.
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DARDOS
I
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Sus palabras
caían
como
dardos.
Si ella apartaba su mirada del él,
entonces ella
contemplaba cielos
subyugantes,
decrépitos,
de amables azules.
Él caminaba
con expresión
expectante,
crítica,
este mundo,
que le enfermaba tanto.
Sus avellana ojos
podían encogerse aún más,
su sonrisa la tornaba vulgar,
su voz era fragmentada,
en un gorjeo,
de líquidas voces,
se derramaban en palabras
amenazantes,
infundadas,
lascivas,
poéticas y dulces.
Ella tenía la certeza de amarlo
con paroxismo,
tanto que buscó atisbos del niño
que él dejó,
perderse en el tiempo,
y ella acobijó en su seno…
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II
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En el peso de sus entrelazadas manos,
sostenían todos los miedos del mundo.
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DEUS
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Sacro
Sensual
Puro
Noble
Destellos carmesí
En tu frente
Caderas de piel etérea.
Te he buscado
En todos los hombres
En los que dejaste réplicas
He alabado cascadas de miel, madera y carbón.
He besado la humanidad.
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A CHARLES BAUDELAIRE
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En su soledad encuentro una belleza profana,
Y un corazón que ha pasado frío,
un fruto que se enferma, no se sabe si por los viajes infinitos
o la consecuencia de autoridigir el vuelo.
Su alma es un halo de incandescente oscuridad.
En la fosforescente conciencia de un mundo que ama
y a la vez le repugna.
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NOSOTRAS
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Ambas naufragábamos
en la desnuda oscuridad
sobre su cosmos.
Ella se diluía entre nosotros
él quizá buscaba
su saliva en boca nueva.
Nos devorábamos
en sinfónicas caricias,
botellas sinfónicas crujían.
Sobre mi dragón
llegábamos al Génesis.
Pero ella era una luz,
una luz intermitente.
