*
Pero hay algo que invade el interior de nuestras mentes y almas cada día. En todas las casas hay una radio. Es cierto, nos mantiene en contacto con el mundo, pero hay muchísimo drama inútil y de sus ondas emana música mediocre que hipnotiza a todos aquellos que son demasiado vagos como para pensar por sí mismos. ¡Y la televisión! Tener una televisión se ha convertido en el objetivo de incluso las familias más pobres; sentarse frente a una pantalla y ver los vodeviles ordinarios y el baseball y el fútbol que tan de moda están en el país. Es tan fácil acallar el pensamiento… Es tan fácil ser arrullado a un estado de ensoñación, semiinconsciente, por este entretenimiento que anestesia nuestra inteligencia creativa. Prefiero cien veces más leer un libro o crear imágenes en mi mente que dejar que otra persona piense por mí. Creo que todo el mundo debería pensar e imaginar por sí mismo. ¿Para qué vivir si no somos más que un eco y un reflejo?
Texto de Sylvia Plath con diecisiete años
en una carta dirigida a un amigo (enero, 1950).
