Antonio Praena (Granada, España. 1973) es poeta, fraile dominico, profesor y doctor en Teología. Ha publicado Humo Verde (Accésit Premio de Poesía iberoamericana Víctor Jara 2003), Poemas para mi hermana (Accésit Premio Adonais 2006), Actos de amor (Premio Nacional de Poesía José Hierro 2011), Yo he querido ser grúa muchas veces (Premio Tiflos 2013), Historia de un alma (Premio Jaime Gil de Biedma 2017). En el 2017 fue publicada por la editorial Fili d’Aquilone una antología de su poesía en italiano, Tra cielo e terra. Se encarga de la parte literaria en el espacio artístico multidisciplinar O_Lumen de Madrid. Recientemente galardonado con el premio Emilio Alarcos 2020 por su nuevo poemario Cuerpos de Cristo. Andar sobre las aguas es su primer libro publicado en México bajo el sello de Alcorce Ediciones. El dicho es una selección personal de poemas icónicos de su destacada obra.

TRES POEMAS DE “ANDAR SOBRE LAS AGUAS” NUEVO LIBRO DE ANTONIO PRAENA

EL JOVEN FRAILE

Y pensar que nadie desabrochará mi camisa

con manos de paloma,

ni hará caracoles en el vello de mi pecho

porque ya tengo un amor que es Todo y Nada…

Y saber que soy un guerrero

que reza como un almendro.

.

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QUERIDO LECTOR

Veamos cómo acaba todo esto.

Te lo voy a decir por si aún no lo sabes.

No hay una muerte repentina.

Nadie descubre al fin su alma,

ni se enciende una luz, entre otras cosas,

porque al placer le basta su luz propia

y al pecado su sombra le es benigna.

¿Te decepciona un arte así?

Lo siento, de verdad, lo siento mucho,

lamento tu candor

al otorgar a la belleza

propiedades salvíficas.

Esta es la historia de un tiempo

y es la historia de un mundo

que ocurre más acá de tu mirada

hambrienta de emociones humanistas.

¿Te has creído este libro?

¿Existe el personaje que aquí escribe?

La indignación es pura hipocresía.

Desde Aristóteles a Vattimo,

ningún filósofo ha negado

que la felicidad es el motor de la existencia.

Nietzsche, más loco y más sincero,

lo ha llamado placer,

y Bacon ha añadido a ese placer

profundas dosis de tortura.

¿Cambió la vida de alguien un poema?,

¿quizá una sinfonía?, ¿la luz estrepitosa

de Sorolla, por citar un extremo?

Posiblemente sí, pero duró tan poco.

La vida se redime entre las sábanas

sobre las que vaciamos nuestro cuerpo

derramándolo en otro

que se lo bebe gramo a gramo.

Y, puestos a elegir,

yo al menos reconozco mis instintos

henchidos de vigor y precios elitistas.

Todo tiempo es un hombre

y quién no ha sido un hombre de su tiempo

al menos un instante.

Quizá el problema es ese, los instantes.

Si no existe la Historia,

ni hay tampoco un Origen;

si Nadie nos aguarda al fin del mundo,

si en ningún corazón perduraremos

(y cosas del estilo de esos versos

condicionales, cursis y ripiosos),

¿por qué te escandaliza que alguien firme

poemas como este?

Palabras que jamás cambiarán nada.

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ECCE MULIER

A Fina Pellicer

Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice

al discípulo: ahí tienes a tu madre.

Jn 19, 26-27

No lo puedo creer:

hemos venido a poner flores y tu madre

me está dando las gracias mientras limpia

la lápida de mármol con tus fechas.

Me está dando las gracias por las horas

aquellas tan felices —Águilas, Sangonera

la Seca, Mazarrón. Higueras y piscina—.

Las horas bajo el mismo sol que alumbra

el Monte Sinaí, Atenas y el Calvario.

Aun oyendo me cuesta

creer lo que es patente a los sentidos.

Y es su fe la que hace

más real lo invisible que los hechos.

Recoge en una bolsa la bayeta

y el pulverizador limpiacristales.

Yo pienso en el realismo

de corte aristotélico e hispano:

al fin y al cabo, Grecia está ahí enfrente.

Solo es cuestión de andar sobre las aguas.