TOMA en tus manos
este jersey tejido en nudos de memoria.
Consérvalo, porque algún día
recordarás las manos desgastadas
que lo tejieron en las noches de tu infancia.
Y no podrás volver. Y tendrás frío
cuando descubras que vivir
a veces es llorar.
Abrígate con el amor que en el jersey está trenzado:
lo que nos quita el tiempo
ha sido el tiempo quien lo ha urdido
en formas misteriosas y sencillas
que hilvanan nuestras vidas a otras tramas.
Es imposible amar fuera del tiempo,
nada infinito hay que se alcance sin su hebra
aunque la hechura de su amor
nos muestre su belleza en sacrificio
sólo al perder a quien más hondo nos ha amado.
No pienses, como Eliot,
que sólo el tiempo vence al tiempo,
porque el tiempo es invencible.
Más bien realiza hazañas cotidianas:
piensa en mamá, aprende a tricotar
tus horas en ofrenda:
-punto de arroz,
ochos perdidos,
espigas que se cruzan
con las agujas de la vida…-
Ponte el jersey
y teje otro jersey para tus hijos.
8 DE JUNIO
Nací el 8 de junio.
Toda la luz se derramó en mi sangre,
pero hace tiempo que no encuentro
ni la luz ni mi sangre.
Pensé que era mejor poner mi vida
muy lejos de las cosas que he querido,
muy lejos de las cosas de este mundo,
muy lejos de tu amor, que ha sido el mundo.
Me fui fuera de ti
para poder volver un día
curado de la bestia que me ocupa.
Pero la bestia se ha hecho grande,
tan grande como puede hacerse un hombre,
y vamos los dos juntos de la mano
camino de la muerte:
¡si me vieras!,
los ojos que quisiste son agujas
clavadas hacia dentro.
Soy uno de esos hombres que desguaza
las flores con sus botas de jinete.
Consumo polen ácido,
comulgo reno crudo, escupo arcilla.
Me digo con palabras que les lamen
los ojos cancerosas a los ciegos.
Confieso que he bebido cera hirviente
tratando de sellar todas mis puertas.
A veces, si mi bestia se ha dormido,
planeo una manera de escaparme:
me visto un traje nuevo, me anudo una corbata,
mas, vueltos al espejo mis dos ojos,
descubro que me mira un hombre muerto.
Y entonces, inhumano, desterrado,
retorno al colchón sucio de mi siglo
y cumplo un año más lejos de todo.
No he vuelto a escuchar luz.
No he vuelto a besar pulso.
Me alumbran y devoran la garganta
estrellas tan brillantes que son negras.
Mas dejo testimonio de que todas
las noches de mi vida he pronunciado
tu nombre con gemidos animales.
Tan fuerte te he llamado que no existe
frontera entre el aullido y mi persona.
Quizá sólo fui alguien un instante
del 8 de aquel junio de aquel año,
lo mismo que son hombres los que lloran
y dejan de existir los que no aman.
ELEGÍA
y enterrar a los muertos. Mi querido
Javier: esa es la última manera
de amarte de entre todas las maneras
de amor que en este mundo son posibles.
Darle tu cuerpo a la ceniza, mi guerrero
Javier, para el que nada era bastante,
mi vehemente
corcel, que alimentabas tu alegría
con polen de amapola y nieve amarga
y ahora ya no tienes alegría,
amigo sepulcrado, y ni tu rostro
refleja lo que fuiste: potro en vuelo.
No tiemblan tus arterias a deshora
colmadas de traspasos y de escarcha
ni acudes a mis ojos, como antes,
después de estar perdido 9 días,
9 nocturnos días, entre bocas
que muerden tus pezones y te escupen
y vuelven a morderte y te intercambian
de gramo en gramo, cuerpo en cuerpo,
mientras tu corazón busca el olvido.
Pero esta vez volviste sin olvido
y fue el dolor tan obvio que encontraste
descanso en el batir de otras espumas.
No vas a regresar hasta mi vida
en busca del perdón que siempre hallabas
en atrio de mi labios, mi silencio,
mi forma de quererte de otra forma
que nunca te bastaba y sin embargo
sabías que era amor, que era amor limpio.
Yo quise de tu ser la lumbre ebria,
no un rayo que la noche se tragara.
Y ahora, todas juntas, las tormentas
me entregas en tu cuerpo amoratado
para que con mis manos en un surco
de estiércol y de sombra lo abandone.
Javier, tanta fiereza ¿dónde ha ido?
Y aquella bruta fuerza ¿qué alimañas,
insectos y raíces alimenta?
¿Por qué has querido darme por destino
ser casa de tu nombre y estas uñas
que no puedo limpiar y con que araño,
Javier, mi corazón, que fue tu almohada
y es hoy tu sepultura y mi desvelo?
Javier, hermana furia, sangre amiga,
¿qué vínculo verbal no has desatado
entre esta muerte mía y el exceso
de amor que en cada abrazo te encelaba?
