Vladan Krečković (Belgrado, Serbia. 1988) es poeta, periodista y comunicólogo por la Facultad de Política de la Universidad de Belgrado. Sus textos han sido publicados en distintas revistas de alrededor de los Balcanes y algunos de ellos traducidos al inglés. Su primer poemario “Paris, Texas” ha sido galardonado con el premio Puentes de Struga 2021 otorgado por el festival de mismo nombre y por la UNESCO. Vladan se catapulta como una de las voces de mayor fuerza en aquel lado de Europa. Traducido por primera vez al castellano, los dejamos aquí con tres poemas en versión del poeta Javier Gutiérrez Lozano.

TRES POEMAS DEL SERBIO VLADAN KREČKOVIĆ

TODO LO QUE RAMÍREZ DIJO

Imagina la fuerza que mueve

el agua subterránea cerca de un péndulo.

Siente la aguja magnética entre tus cejas.

Tienes que seguir la sintaxis del alumno,

adéntrate a ti mismo por medio de un punto final.

Verás entonces los contornos de la vida de otros,

la noche en que cortaron las líneas telefónicas.

No habrá linternas en las colinas.

No temas si te ves

como un fantasma al lado del camino,

un copiloto de nadie.

Espera a que amanezca y siente

cómo los verbos se evaporan

desde los labios. Escucha,

podrás oír una voz que repite:

Frost escribió versos sobre

nieves y bosques;

los árboles son los padres de los fósforos,

habrá un incendio al borde

del Bosque del Monasterio,

los caballos se desvanecen

en la profundidad de montones de nieve.

Cuesta abajo, cuesta abajo es el único rumbo,

donde el invierno

y las tristes praderas permanecen en calma,

y los troncos cortados parecen molares.

Allí te obligarán a arrodillarte.

Descubrirás quién te amó

cuando te pongan

una pistola en la sien.

Di mi nombre

y observa el miedo en sus rostros.

Mira de cerca,

pues serán tus propios rostros.

Diles silenciosamente eso, Ramírez.

.

.

AGOSTO, UNA VEZ MÁS

El anochecer se agudiza

sobre las puntas de los pinos,

volverá a perforar el estómago del horizonte.

La auto-traición del día sucede

cuando cada habitación del apartamento

se convierte en una sala de espera. Estás convencido,

la radio se encenderá sola,

llena el espacio con las noticias de tu partida.

Acercarse lentamente a la ventana

es una sutil metafísica,

revisando, y a sólo veces esperando,

especialmente a mediados de agosto

cuando el calor del día se expande

como la boca de un senil hombre.

Es una señal de que los recuerdos existen

pero nos vamos quedando sin palabras y ¿ahora qué?

Bajo esta inclinación de luz

en días como estos,

solía prepararme para la escuela.

La aguja del compás,

cacofonías de letras en un libro de texto.

Estos días en que la inquietud

deja distintos tipos de marcas,

una parvada de aves en el azul del cielo,

todos aquellos picos y alas,

puntos y comas,

cadenas de mensajes codificados.

Las parejas existen todavía,

Las he visto en las selfies de otras personas,

la noche se acerca, sus dedos

se entrelazan de forma inseparable.

Ya no me preocupo por objetos,

las sombras se filtrarán fuera de ellos.

Agosto es un laberinto, el comienzo de una fuga.

Como si una unidad de intervención

viniera por mí.  Un soplo.

Vecinos silencios.

Un control remoto sin pilas.

Un ramo de lápices sin filo en un vaso de plástico.

Tu camiseta

en el estante superior del armario.

Es 3 de agosto y aún no la he lavado.

.

.

PARIS, TEXAS

Mi cuerpo es un almacén ya cansado,

un espacio muy estrecho

para guardar recuerdos.

Una camper y un cencerro

atado a tu tobillo,

mientras en tus sueños

seguiste huyendo desnudo

a lo largo de una carretera.

Hay otro París más,

muy cerca del desierto.

Su superficie equivale

a cuatro años de caminar constante,

suficiente tiempo

para convertir una espina dorsal

en una vía del tren abandonada,

acomoda las memorias

en una cinta de ocho milímetros,

por eso te recuerdo

tan sólo como las cicatrices que quedan

en la mezcla de un casete

que ha sido empujado a la boca

de una videograbadora.

Cuando nombramos Hunter

a nuestro hijo,

yo no sabía

que habría de perseguirte

siguiendo el rastro

de números en cuentas bancarias.

Hay amores

que asemejan al Big Bang.

Su epílogo puede caber

en una larga llamada telefónica,

en el agujero negro de un auricular.

Tales monólogos son diferentes,

pero siempre comienzan con las palabras:

Ya conocía a estas personas,

a estas dos personas.