FLORECER
Recuerdo las temporadas de sequía en mis mejillas;
por mucho tiempo luché por evitar las inundaciones
pensando que dejarlo salir,
sólo me llevaría hasta estar hasta el cuello,
en tinta y agua salada
y sin poder nadar.
Pero el peor ahogamiento
es cuando nos atrevemos a convertirnos en mar,
o lago o río o pantano,
o en arrojo, en cascada o en tsunami,
en charco lágrima.
Ahora no me da miedo convertirme en un cuerpo de agua,
porque sé que puedo reparar los posibles daños
causados por mis mareas.
Cuando me preguntan ahora por qué lloro,
respondo que me estoy regando,
soy un cuerpo de agua y he encontrado la manera
de florecer desde el fondo de éste.
.
.
DESNUDA
Cuando digo que te deseo
una intimidad descomunal,
no me refiero a que ojalá
puedas quitarte la ropa frente a alguien
sin sentirme diminuta,
me refiero a que puedas
nombrar, señalar y desenvolver
cada parte de ti sin sentir que acabas
de despertar en medio de un campo de batalla,
sin armas
que puedas hablar de tus cicatrices
frente a esa mirada ajena
sin sentir que vuelven a ser heridas
o que tu voz es la sal que espolvoreas sobre ellas.
A ti te deseo que no dejes de sentirte tú
cuando te desnudas,
y no te hablo de la ropa.
