HE ESCRITO TANTO DE LAS COSAS
He escrito tanto de las cosas que siento una fatalidad a los detalles
en ellos y sobre ellos
en la curva mórbida de una jarra vacía,
la plana y lisa postura de el cenicero,
en los hondos y ahuecados rotos de la coladera.
A veces cuando existir me hiere,
abro callada la alacena
y miro todo
como familiarizada,
buscando el abrazo de los frijoles.
Me miran enamoradas.
soy de las cosas.
Finjo que tienen ojos los enchufes
les hago guiños,
me escondo tras las escobas,
la cortina finita,
el jabón de manos
que huele a leche cortada.
Le pongo corazón a
las cebollas
lloramos juntas.
Las flores su olor,
tiesa en los floreros,
Importante en la mesa.
Todos hablamos con la calabaza
busco en las cosas llenar mi sequía, mudarme,
pero las cosas se petrifican
silentes,
no sirven de amantes,
no besan,
ni manosean,
no se vienen conmigo.
Y vuelvo a mi soledad
como el polvo vuelve a ellas.
.
.
APROVECHÉ EL ESPACIO
Aproveché el espacio lo más que pude,
acomodé los fantasmas detrás de los espejos,
de un verso triste me amarré las mangas.
Mi última mapeada dije,
asustada de mojar el suelo.
Encontré cosas que había perdido, el ojo bizco de una olla,
la cremallera del amoniaco,
una muy demacrada tostonera
en donde adelgace mi fiebre.
Puse en el altar hipos
y rece al adiós ofreciendo
lentejas a los Santos.
¿Cuántas veces diré adiós
conservando las servilletas enlentecidas?
Los remedios me han traicionado,
se me fueron quedando
sin cabeza los alfileres,
me escondí en los saleros,
usé tocino para la suerte.
Las cosas me guardan luto.
.
.
ALGUNAS COSAS
Algunas cosas ya no me son útiles,
las destierro a una gaveta huérfana,
mil cucharas soperas
y un colador enmohecido que no cierne.
Que se tiñan de oxido los palillos de dientes
como yo, las cosas engañan,
los viejos platos emancipados
sobreviven al minimalismo.
Húmeda la materia tan innecesaria, lo tengo todo,
pero aún no he visto sonreír a la alfombra
que vende mis pisadas de polvo, ciega de no tener otro camino que ese.
Ninguna cosa ya es nueva,
la cobardía afloja la lengua de los débiles.
No me es útil la mesa de abuelo,
toso como abuela buscando disimular el exceso de vida,
la tradición de las tazas se ha perdido y me persigno para la absolución.
Las cosas me reemplazan
divertidas de perderme.
Todo es culpa mía.
