Yanira García (1966, Pachuca, Hidalgo) Ha participado en diversos talleres literarios. En 1994, fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo en la categoría Jóvenes Creadores. Trabajó en el proyecto El Puente del Texas Institute for Arts in Education para acercar el arte a la comunidad hispana en la ciudad de Houston. Ha publicado los poemarios Lanza de Sol (1994), El viaje (2011), En el fulgor espeso de la luna (2016), Raíz en la memoria (2018), Brújula para extraviarse (2019), Hundimientos (2020), 42 kilómetros (2021), La casa que me habita (2021) y en diversas antologías de ensayo, cuento y poesía. Recibió mención honorifica en cuento en el concurso Punto de Partida en 1983 y en el Concurso Nacional de Cuento de Ciencia Ficción Las Cuatro Esquinas del Universo en 2017, ambos convocados por la UNAM. Obtuvo el Premio Estatal de Poesía Efrén Rebolledo 2017. Ganó el Certamen Nacional de Poesía Dra. Eliana Albala Levy en 2021 y el V Concurso Nacional de Poesía Germán List Arzubide, también en 2021. Es traductora inglés-español certificada por la Universidad de Nueva York.

Yanira García. Todo lo que imagino es derrumbe.

*

Mi bisabuelo tocaba la guitarra.

En sus ratos de ocio

ponía a bailar la luz entre sus dedos

acostumbrados a las tijeras de la sastrería.

Mi bisabuelo tenía las manos hábiles 

y el corazón como un panal lleno de hijos.

Murió de influenza española

y dejó sus afanes blanqueándose 

en el tendedero del jardín. 

Siete huérfanos zurcieron su llanto 

con siete puntos de cruz.

Siete platos a medias,

siete jarros de abismo,

siete notas musicales,

siete días de la semana.

Catorce manos vacías,

catorce piernas corriendo hacia un futuro remendado,

catorce pies afianzándose al suelo.

Hasta siete veces siete repitiéndose cada domingo

en siete biblias mudas que no sabían perdonar a la muerte.

Cuarentainueve puertas —dice la cábala—

para volver a Dios. 

Cuarentainueve años que nunca cumplió

el hombre que soñaba entre casimires y entretelas:

mi bisabuelo que murió de la gripe española.

.

.

**

A Sagrario.

Pocos idiomas 

tienen una palabra para nombrar 

a una madre

cuyo hijo está muerto.

Si yo pudiera acuñar esa palabra 

tendría el peso exacto de la roca

que golpea la nuca y descalabra.

Los bordes de un molusco,

discontinuos,

con ángulos filosos.

Mi palabra sería un taladro 

cuya broca se hunde hasta rozar

la negrura perenne del fondo de la tierra.

Irregular como una piedrita

que se clava en el ojo,

entra hasta su raíz

y lo devuelve convertido en guijarro.

Sonaría recia, rota, arrebatada

como el serrucho 

que amputa un cuerpo a un cuerpo.

No tendría piedad en sus vocales

ni consonantes dóciles,

hablaría con un sonar de agujas.

Sería imposible pronunciarla

sin romperse los dientes,

sin ahogarse en la saliva. 

Palabra rencorosa,

llovizna inacabable 

sobre tierra anegada. 

Aprieto bien las manos,

clavo las uñas en sus palmas

y recuerdo 

y sé que duele ser

eso que ni siquiera existe. 

.

.

***


Abril: alfiler que se hunde en las alas del tiempo: insomnio sostenido: sopor en los bemoles de la tarde. Abril siempre una cuesta, una pendiente de fauces increíbles hacia mayo. Mayo: todo continúa igual: tardes cerradas, domingos enclaustrados: una corona de veneno sobre la cabeza del aire: suspiros extendiendo sus manos hasta junio. Junio: vacío: tapias que nunca dejan de rodear a su presa: liebres a salto de mata: mi corazón latiendo como botín de un lobo. Peor es julio: destierro a la deriva de las mareas más brutales: julio carne de arena y agujas que se encajan en el cuerpo: sobresaltos, ojos que pasan la noche en vela: velas que se nutren de viento para llegar a agosto. Agosto: no bajemos la guardia y ya no tengo fuerza: explosión de clavículas y omóplatos: cuerpo que ansía una pausa y un barco de papel que navegue a septiembre. Septiembre: sempiterno: continuación de un exilio hacia los interiores: crepúsculos a medias: filas de rostros apagados afuera de las clínicas. Octubre: impotencia dislocando las nubes: cielo nítido, sólido: inhalo sus esquirlas: el aire: cascajos de un mundo que se rompe.

Yanira García (1966, Pachuca, Hidalgo) Ha participado en diversos talleres literarios. En 1994, fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo en la categoría Jóvenes Creadores. Trabajó en el proyecto El Puente del Texas Institute for Arts in Education para acercar el arte a la comunidad hispana en la ciudad de Houston. Ha publicado los poemarios Lanza de Sol (1994), El viaje (2011), En el fulgor espeso de la luna (2016), Raíz en la memoria (2018), Brújula para extraviarse (2019), Hundimientos (2020), 42 kilómetros (2021), La casa que me habita (2021) y en diversas antologías de ensayo, cuento y poesía. Recibió mención honorifica en cuento en el concurso Punto de Partida en 1983 y en el Concurso Nacional de Cuento de Ciencia Ficción Las Cuatro Esquinas del Universo en 2017, ambos convocados por la UNAM. Obtuvo el Premio Estatal de Poesía Efrén Rebolledo 2017. Ganó el Certamen Nacional de Poesía Dra. Eliana Albala Levy en 2021 y el V Concurso Nacional de Poesía Germán List Arzubide, también en 2021. Es traductora inglés-español certificada por la Universidad de Nueva York.Yanira García. Todo lo que imagino es derrumbe.