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DIATRIBA ATURDIDORA DE ÁNGELES CAÍDOS
Un cardumen de pupilas ajenas
se revuelve en el espejo.
Reconozco las voces que escaldan mi razón,
todas hablan al mismo tiempo,
apenas entiendo el mensaje.
Son mis demonios encorvados
que danzan sigilosos sobre cavilaciones
sus lenguas ladinas rozan mi frente.
Un día más y aún no he podido exorcizarme.
Hoy lanzo plegarias para redimirme
porque nadie puede imponerme el crucifijo.
Solo yo.
Soy la sacerdotisa que me dará el perdón.
Soy quien expulsará la legión que me ha recluido.
Es fácil acusar al maligno de mis pecados,
basta con afirmar que ha tentado mi voluntad,
que ha poseído la máquina conductora.
Es preferible que él cargue con las faltas,
así seré la víctima irreprochable de túnica blanca.
Baal se transfigura en mis noches de insomnio
y danza con Asmodeus una danza sicalíptica
donde me desuellan como al cordero sacrificial.
Ambos usan máscaras de mi propia cara.
Ahora es el momento perfecto para destruirlos:
mientras miro mi reflejo los veo a todos,
somos miles de manos que se posan en el mismo punto.
Dios mismo me ha entregado la daga
con la que arrancaré dentaduras.
Soy la única que puede salvarme
mientras rezo todas las jaculatorias.
Se posarán miles de insectos en mis ojos
las piernas temblarán como troncos rancios
y terminaré gritando en lenguas de otro tiempo.
Al final, permanezco con alma profana
como un serafín que aterrizó de emergencia en la tierra.
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ALFORZA
Tengo el vientre abierto.
Manos de hada contienen la sangre,
olas de plomo.
En esta habitación de hospital:
me abraza toda la soledad del mundo.
Muchas bocas rezan,
no las escucho.
Piden a un dios que no me quite la vida.
Oigo mis venas palpitar:
gongs de guerra.
Mi psique está atrapada en una vasija endeble.
La herencia de mis ascendientes
me traspasa con mil dagas,
punzadas me aletargan hasta el colmo.
Anhelo la inexistencia
porque no duele.
Estoy rodeada de almas
que danzan con agujas atávicas,
nada pueden hacer por mí.
Me aferro a la vida
como tórsalo que ansía el futuro,
aunque el dolor me habite.
La piel me impide eyectar y huir.
Si tan solo
hubiera sido distinto el vaso contenedor.
Los órganos que crepitan tienen caducidad.
Me duele hasta la punta del cabello.
Estoy abierta como rana de laboratorio.
En mis vísceras está grabado el árbol de la vida.
Mis venas son los minuteros
que indican la hora de mi muerte.
En algún momento
los hilos de la marioneta se tensarán
y habrá que reparar alguna pieza.
Por ahora,
no me muevo
no grito
no me quejo.
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POEMERÍA
Ayer fui a recoger un poema, era tal como lo había pedido.
Mi necesidad de vocales lo solicitó.
Pagué con médula roja.
Creaturas épicas poseedoras de laureles,
llevaban tiempo muertas dentro de mi cabeza.
Los cadáveres con voces como de ciervos apresados,
cantaron himnos teñidos de sal.
Por las grietas entró un espíritu indigente
y me perforó con un taladro rotatorio las encías.
Fue entonces que dejé la piel de la sonrisa
guardada en el armario de las cosas en desuso.
El poema estaba fresco, con relleno de gas y plasma como los soles.
Tenía agradable sensación al tacto, el relleno era vida condensada.
Acerqué mi nariz, percibí notas de mandarina y algodón.
De su interior sobresalían tenues rayos de viento,
en el cual, viajaban pequeñas semillas de mostaza que entraron en mis ojos.
Al principio me dejaron ciega, después me abrieron portales,
oráculos a seres que aún no han nacido.
El poema fue de mi entera satisfacción.
Volveré a la poemería para truequear algunos versos más.
No es un lugar fácil de llegar, tiene ubicación volátil.
Las instalaciones no son confortables y los dependientes tienen mal humor.
Recomiendo el consumo de poemas de esta tienda casi desmoronada,
dejaré un comentario positivo.
Hallarás un montículo de huesos y cascajo de gemas otrora valiosas.
Al final del pasillo, una puerta abierta
y luego, una caja de regalo.
