Guillermo Garay Torillo (Puebla, México. 1981). Es licenciado en Lingüística y Literatura Hispánica y Maestro en Literatura Mexicana por la Benemérita Universidad de Puebla. Creador de la revista literaria “El Almuerzo desnudo” y editor de la revista “Broca”. Ganador del premio filosofía y letras –en el área de ensayo- 2006 y ganador del tercer concurso de cuento “La caja de chokokrizpiz” (2005). Obtuvo el XXV Premio Interamericano de Poesía Navachiste (2017), con su libro “Esta oscura danza de pájaros”. Autor del libro de crónicas “Voces bajo la ciudad” (2026). En 2019 fue nombrado como “Héroe desconocido”, debido a su trabajo literario, por el Gobierno del Estado de Puebla. En 2023, obtuvo reconocimiento por su trabajo literario por parte del Senado de la República. *Actualmente está aprendiendo a comer con cubiertos.

Guillermo Garay Torillo: la inmortalidad de toda disidencia

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TODOS LOS PERROS DEL MUNDO

Todos los perros del mundo tienen una fiesta

unos porque saben que el amo es real

aquellos porque piensan que ya no existe

todos los perros del mundo tienen una fiesta

han aprendido

que el hombre también puede menear la cola por un hueso

que no hay imposibles si se estira la mano

que su felicidad está en un premio con condición.

Todos los perros del mundo han tomado la tarde libre

huelen uno dos diecisiete traseros

salivan

algunos aprovechan para orinar dentro de la casa

otros corren tras una pelota jamás lanzada

olisquean

se les ve sonreír

perderse

persiguiendo el rastro de lo imposible

                                          todos los demás perros vuelven a encadenarse

todos los perros del mundo contraen rabia a voluntad

disfrutan del temor de quien inventa los trucos

se sostienen en dos patas

escupen antes de morder

todos los ladridos del mundo son improvisados

todos los aullidos melodías malditas que hemos olvidado

todos los perros del mundo han dejado la reja abierta

aflojan las cadenas del hombre

enloquecido por su libertad

añoran el escape

todos los perros del mundo caminan hacia el ocaso

se sacuden las pulgas del amo

con amor

recuerdan el sitio exacto

donde se encuentra enterrada la dignidad.

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UBALDO EL INCONFORME

No conozco Seattle

desconozco el esmeralda de una ciudad

y las vanguardias provenientes del Pacífico

pero sé del ruido

de la necesidad de construir una torre                        

capaz de despertar a algún dios

                                                                       o al menos molestarlo

no estoy conforme

comienza a pesar la música sucia

tras décadas tratando escapar

del Tchaikovsky a todo volumen en la sala

y el trajecito bombacho de la primera comunión

supongo que así es la infancia

aprender a incrustarse agujas sin lastimarse los dedos

sonreír frente al pastel de cumpleaños         

junto a los amigos vueltos fantasmas

y un dígito luminoso que aún no sabe del dolor

a mis casi cuarenta

agito con fuerza la memoria

tratando de endulzar los paisajes pueriles

pero mis recuerdos parecen guardados en discos de 3.5

descubro que mi cassette fue re-grabado demasiadas veces

mezclando pistas de grunge y rock nacional

como pensar en la muerte y una cumbia al mismo tiempo

ay,    ay,    ay,

cuando esa negra linda se refiere sólo a una bicicleta

en la que intento salir cada domingo

tratando de mantenerme alejado

lejos de esta notoria inconformidad

a pesar del salto de Jordan

la imbatible carrera de derrotas de Barry Sanders

o el primer home-run a manos de mi primer bate

pienso en mi niñez

deseando cada día un seis de enero

omitiendo aún el traje azul

escuchando el concierto para violín de Tchaikovski

no queda más que subir el volumen

construir una torre con agujas en los dedos

hasta que me odien

los hijos de los hijos de los hijos

que nunca he de tener.

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FINALES DE CARICATURA

Siempre quise ver más allá de lo evidente

saber qué pasaría tras el regreso de los héroes

disfrutar el final feliz o quizás el sabor de la venganza

la muerte a manos de la espada o la fuerza de diez osos

pero la televisión abierta es cruel

lleva el corazón pueril hasta el clímax

antes de robarse el último capítulo

y hacernos creer que siempre es mejor comenzar

lo único que sé

es que la vida sí es como una montaña rusa

de segunda mano

-con calabozos y dragones tatuados en la espalda-

que a veces también uno va en busca del padre

para encontrar una galaxia en silencio

siempre quise ver más allá de lo evidente

y encontré la magia de mujeres que prefirieron el castillo

o el arrepentimiento del bellaco que está a punto de vencer

con tal todo continúe

guardo en secreto los dvds con los finales esperados

y conservo la carcajada del villano

con una figura que aún se ríe de mí

un cachorro de león que aparenta haber crecido

sin darse cuenta que su hogar ya no es suyo

sino un poco más de polvo estelar

de aquel que barremos

mientras escuchamos la televisión

sin verla

porque aún nos avergüenza darle la razón

como un holograma de alguien muerto

que nos recuerda

que no es posible volver a comenzar.

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ARGOS 2000

(regreso a Navachiste, la isla de los poetas)

Regreso a ti pequeña isla

aún con tu nombre

como una gran broma

como el héroe irreconocible

ahora que soy el Ulises del barrio

vuelto mendigo por una hipoteca y versitos por hacer

soy mi propio Argos

perro muerto muriendo por mi retorno

tengo treinta y seis años

ninguna guerra

y una Penélope descarada

que nunca quiso coser.

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THE SHOW MUST GO ON

                                                                                     “yo nací un día en que dios estuvo enfermo”

                                                                                                                                                           C.V.

Nací bajo el signo de libra

sobre seis lunas que acomodaron

-irónicamente-

                            la balanza en escorpión

conocí desde entonces

el poder y la paz de la cascada

              la sabiduría del anciano dragón

pero

              -a la par-

el frágil romanticismo del puño contra el caudal 

la terquedad

                     de la propia corriente.

Nací aquel día en que Freddie Mercury

saludaba

-por primera y única vez-

              al público mexicano

desde entonces no he querido detenerme

una especie de magia

                             suena en mi interior

pero también he mordido el polvo

                                          centenar de ocasiones

han llamado pequeña cosa loca a mi voz

junto con calosfríos en la espalda

              al bailar

como si nada nada importara.

Supongo que el show debe continuar.

Crecí delgado

ligeramente arriba del promedio de estatura

              corría los 100 metros planos

medio paso detrás del más veloz de la clase

fui “champion bate” a mis catorce

pero también he sido gordo demasiadas veces

conozco el peso de una vida de resistencia

                            los espejos grandes

una silueta evasiva en el reflejo

concebí la humildad en la propia gravitación

acepté que los cambios son una decisión

aprendí a reconocerme lejos de una imagen.

Crecí también con el privilegio de lo lúdico

 juguetes alrededor

                            Rachmaminov

-decenas de villanos de sonrisas hermosas-

                            un ajedrez tímido

películas de horror a escondidas

              la ya conocida bmx

                            con la que aprendí de las distancias

pero también contemplé la separación

el game over del videojuego

el alcázar donde aguardaba todo

-menos una princesa-

experimenté el desánimo de la despedida

tras el marchitar de lo inmarcesible

enterrar una flor nunca ha sido un desencuentro amistoso.

No moriré un día en París con aguacero

lo haré con heridas

                            -del propio aguijón-

con la necedad de quien busca contracorriente

lo haré un día que desconozco

              con la espalda hecha añicos

en un escenario a media audiencia

              donde sólo dos o tres saben las canciones

pero moriré con la música

con la furia de un concierto número 2

              escupiendo cataratas

lo haré contagiado de la rabia rebelde

seguro de que el corazón anémico

                            puede sublevarse

perderé los kilos que pueda sólo para molestar

demostrando la inmortalidad de toda disidencia

me despediré

              como un acto de justicia

como quien dice adiós a los juguetes

como quien decide cambiar

la balanza por la espada

como quien decide resistir

por amor propio

en medio de todos los incendios.

Guillermo Garay Torillo (Puebla, México. 1981). Es licenciado en Lingüística y Literatura Hispánica y Maestro en Literatura Mexicana por la Benemérita Universidad de Puebla. Creador de la revista literaria “El Almuerzo desnudo” y editor de la revista “Broca”. Ganador del premio filosofía y letras –en el área de ensayo- 2006 y ganador del tercer concurso de cuento “La caja de chokokrizpiz” (2005). Obtuvo el XXV Premio Interamericano de Poesía Navachiste (2017), con su libro “Esta oscura danza de pájaros”. Autor del libro de crónicas “Voces bajo la ciudad” (2026). En 2019 fue nombrado como “Héroe desconocido”, debido a su trabajo literario, por el Gobierno del Estado de Puebla. En 2023, obtuvo reconocimiento por su trabajo literario por parte del Senado de la República. *Actualmente está aprendiendo a comer con cubiertos.Guillermo Garay Torillo: la inmortalidad de toda disidencia