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TODOS LOS PERROS DEL MUNDO
Todos los perros del mundo tienen una fiesta
unos porque saben que el amo es real
aquellos porque piensan que ya no existe
todos los perros del mundo tienen una fiesta
han aprendido
que el hombre también puede menear la cola por un hueso
que no hay imposibles si se estira la mano
que su felicidad está en un premio con condición.
Todos los perros del mundo han tomado la tarde libre
huelen uno dos diecisiete traseros
salivan
algunos aprovechan para orinar dentro de la casa
otros corren tras una pelota jamás lanzada
olisquean
se les ve sonreír
perderse
persiguiendo el rastro de lo imposible
todos los demás perros vuelven a encadenarse
todos los perros del mundo contraen rabia a voluntad
disfrutan del temor de quien inventa los trucos
se sostienen en dos patas
escupen antes de morder
todos los ladridos del mundo son improvisados
todos los aullidos melodías malditas que hemos olvidado
todos los perros del mundo han dejado la reja abierta
aflojan las cadenas del hombre
enloquecido por su libertad
añoran el escape
todos los perros del mundo caminan hacia el ocaso
se sacuden las pulgas del amo
con amor
recuerdan el sitio exacto
donde se encuentra enterrada la dignidad.
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UBALDO EL INCONFORME
No conozco Seattle
desconozco el esmeralda de una ciudad
y las vanguardias provenientes del Pacífico
pero sé del ruido
de la necesidad de construir una torre
capaz de despertar a algún dios
o al menos molestarlo
no estoy conforme
comienza a pesar la música sucia
tras décadas tratando escapar
del Tchaikovsky a todo volumen en la sala
y el trajecito bombacho de la primera comunión
supongo que así es la infancia
aprender a incrustarse agujas sin lastimarse los dedos
sonreír frente al pastel de cumpleaños
junto a los amigos vueltos fantasmas
y un dígito luminoso que aún no sabe del dolor
a mis casi cuarenta
agito con fuerza la memoria
tratando de endulzar los paisajes pueriles
pero mis recuerdos parecen guardados en discos de 3.5
descubro que mi cassette fue re-grabado demasiadas veces
mezclando pistas de grunge y rock nacional
como pensar en la muerte y una cumbia al mismo tiempo
ay, ay, ay,
cuando esa negra linda se refiere sólo a una bicicleta
en la que intento salir cada domingo
tratando de mantenerme alejado
lejos de esta notoria inconformidad
a pesar del salto de Jordan
la imbatible carrera de derrotas de Barry Sanders
o el primer home-run a manos de mi primer bate
pienso en mi niñez
deseando cada día un seis de enero
omitiendo aún el traje azul
escuchando el concierto para violín de Tchaikovski
no queda más que subir el volumen
construir una torre con agujas en los dedos
hasta que me odien
los hijos de los hijos de los hijos
que nunca he de tener.
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FINALES DE CARICATURA
Siempre quise ver más allá de lo evidente
saber qué pasaría tras el regreso de los héroes
disfrutar el final feliz o quizás el sabor de la venganza
la muerte a manos de la espada o la fuerza de diez osos
pero la televisión abierta es cruel
lleva el corazón pueril hasta el clímax
antes de robarse el último capítulo
y hacernos creer que siempre es mejor comenzar
lo único que sé
es que la vida sí es como una montaña rusa
de segunda mano
-con calabozos y dragones tatuados en la espalda-
que a veces también uno va en busca del padre
para encontrar una galaxia en silencio
siempre quise ver más allá de lo evidente
y encontré la magia de mujeres que prefirieron el castillo
o el arrepentimiento del bellaco que está a punto de vencer
con tal todo continúe
guardo en secreto los dvds con los finales esperados
y conservo la carcajada del villano
con una figura que aún se ríe de mí
un cachorro de león que aparenta haber crecido
sin darse cuenta que su hogar ya no es suyo
sino un poco más de polvo estelar
de aquel que barremos
mientras escuchamos la televisión
sin verla
porque aún nos avergüenza darle la razón
como un holograma de alguien muerto
que nos recuerda
que no es posible volver a comenzar.
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ARGOS 2000
(regreso a Navachiste, la isla de los poetas)
Regreso a ti pequeña isla
aún con tu nombre
como una gran broma
como el héroe irreconocible
ahora que soy el Ulises del barrio
vuelto mendigo por una hipoteca y versitos por hacer
soy mi propio Argos
perro muerto muriendo por mi retorno
tengo treinta y seis años
ninguna guerra
y una Penélope descarada
que nunca quiso coser.
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THE SHOW MUST GO ON
“yo nací un día en que dios estuvo enfermo”
C.V.
Nací bajo el signo de libra
sobre seis lunas que acomodaron
-irónicamente-
la balanza en escorpión
conocí desde entonces
el poder y la paz de la cascada
la sabiduría del anciano dragón
pero
-a la par-
el frágil romanticismo del puño contra el caudal
la terquedad
de la propia corriente.
Nací aquel día en que Freddie Mercury
saludaba
-por primera y única vez-
al público mexicano
desde entonces no he querido detenerme
una especie de magia
suena en mi interior
pero también he mordido el polvo
centenar de ocasiones
han llamado pequeña cosa loca a mi voz
junto con calosfríos en la espalda
al bailar
como si nada nada importara.
Supongo que el show debe continuar.
Crecí delgado
ligeramente arriba del promedio de estatura
corría los 100 metros planos
medio paso detrás del más veloz de la clase
fui “champion bate” a mis catorce
pero también he sido gordo demasiadas veces
conozco el peso de una vida de resistencia
los espejos grandes
una silueta evasiva en el reflejo
concebí la humildad en la propia gravitación
acepté que los cambios son una decisión
aprendí a reconocerme lejos de una imagen.
Crecí también con el privilegio de lo lúdico
juguetes alrededor
Rachmaminov
-decenas de villanos de sonrisas hermosas-
un ajedrez tímido
películas de horror a escondidas
la ya conocida bmx
con la que aprendí de las distancias
pero también contemplé la separación
el game over del videojuego
el alcázar donde aguardaba todo
-menos una princesa-
experimenté el desánimo de la despedida
tras el marchitar de lo inmarcesible
enterrar una flor nunca ha sido un desencuentro amistoso.
No moriré un día en París con aguacero
lo haré con heridas
-del propio aguijón-
con la necedad de quien busca contracorriente
lo haré un día que desconozco
con la espalda hecha añicos
en un escenario a media audiencia
donde sólo dos o tres saben las canciones
pero moriré con la música
con la furia de un concierto número 2
escupiendo cataratas
lo haré contagiado de la rabia rebelde
seguro de que el corazón anémico
puede sublevarse
perderé los kilos que pueda sólo para molestar
demostrando la inmortalidad de toda disidencia
me despediré
como un acto de justicia
como quien dice adiós a los juguetes
como quien decide cambiar
la balanza por la espada
como quien decide resistir
por amor propio
en medio de todos los incendios.
