Celebrando el cumpleaños del poeta venezolano, editor, periodista y gran gestor cultural, Luis Perozo Cervantes, les compartimos tres poemas que forman parte de su libro más reciente libro de poesía publicado en 2022, «Memoria de un pasado amoroso».
Los dejamos con los versos de este poeta y embajador de las letras, quien desde hace más de dos décadas, ha trabajado no solamente para su propia lírica, sino por la cultura de una ciudad como Maracaibo, y por la identidad artística de su país y de nuestra lengua.
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MEMORIA DE UN HIJO PORVENIR
A Luis Arturo Perozo
Están en mí los genes
de los huesos flacos de mi hijo
de los silencios de sus ojos
de las flores sonrientes de sus dientes
por la palabra soy parte de algo grande
hay una madre que no habita en éste decir
ni hace falta: mi hijo y yo, reunidos en la sombra
esperando que los días que pasan veloces
sean una espiga, una tatuada espiga
somos como una cromosómica soledad
que comparte los mismos nombres
pero desde un par de espejos
somos el reloj —por decir— de lo callado
hay en mí un parecido de fantasmas con el futuro
una lengua que arde como aldaba del infierno
y que espera pronunciar
esa oración
para pedir perdón por no creer
en mi hijo abunda la fe en un desconocido milagro
porque son inexplicables sus amaneceres
sus eclipses son maravillosos
en su sonrisa se sostiene, como un trópico gigante
es dueño de la inocencia y el placer
los goces por venir y los dolores
la viudez de un padre disparado con la muerte
el entuerto no resuelto aún que impone el silencio
a mi hijo, lo tengo en la garganta
como un yo prestado al infinito
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MEMORIA DEL FUNERAL DE MI PADRE
A la memoria de Luis Antonio Perozo
Estoy seguro que él no merecía un funeral
no merecía que todos pasaran por su féretro
a decir que se veía hermoso,
que había rejuvenecido,
o que la corbata le sentaba muy bien
mi corbata nueva que lo hacía ver hermoso, muerto
estar de alma tendido allí,
a la espera que los demás fueran silenciosos
junto al gran silencio que nos deja una muerte
el pésame enaltece algo muy oscuro
consuela de alguna manera
y de alguna forma
entristece más
Su destino, compartido por millones de palmadas,
de manos sudorosas, de recuerdos: es un collage
de rostros afables, que enternecen.
Pero mi padre no merecía
que mitigáramos su pérdida
en los amigos. Ahora pienso
que merecíamos llorar
todo el día, durante un año.
Y seguir llorando, descuidadamente
en su nombre, en la fotografía
de su infancia colgada
en pared, en su sonrisa
clavada en el recuerdo.
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MEMORIA DE UN POETA REAL
A Carlos Ildemar Pérez
La memoria y el acontecimiento cósmico
se suscitan en la voz de los poetas.
Lúdica, la palabra se abraza de la poesía
para encontrar en el poema su germinar-génesis
su primera aparición psíquica
su posicionamiento reflexivo en el poeta.
Explotan las frutas maduras para llenarnos la ropa
explotan en el patio, mientras dos pobres niños
tan urbanos y rurales como el lector
van mirando a los pájaros estallar en el aire
y a las mariposas hacer su actuación de kamikaze
a toda velocidad contra las flores.
La observación se vuelve estallido
y sólo queda la aprehensión
el apropiamiento
la toma.
Arde al poeta la trépida palabra
el vocablo y la pausa sonora.
Arde como un estallido.
El propio estruendo se hace cataclismo
en la boca-mano del poeta para
en lo más profundo de las modelaciones
vaciarse en el crisol. Arder.
Él mismo invoca la función
de su palabra-ojo
para generarse en la ecuación homónima de la vida.
Sin saberlo. Dará el poeta
la vida, más allá, el vigor. Sin saberlo.
Dará el poeta el pulso vocal, el habla radical.
Sabiéndolo. Dará, se dará.
Allí la aproximación definitiva
a la realidad del poeta, a la conducente
metafísica de la infancia, a la plusválica
ecuación del placer, del primer amor
de la juventud que conversa con los ancestros.
El poeta es la voz acumulativa de sus padres
y sus hijos; el poeta es todos sus amigos
en el mismo enamoramiento;
el poeta es la ciudad misma
que se dejar esconder del lago; el poeta es el amante
posmoderno y al mismo tiempo el saetante
crítico de la poesía propia
que no termina de ser canto o súplica.
El poeta está en construcción
y maduración. El poeta es laceración
del pasado y maceración de lo vivido.
El poeta es una misma lengua
que se condensa
en el habla más recóndita de su día a día
en su atemporal pasado-futuro
de memoria aún no vivida
siempre estando por vivir.
El poeta, la sintaxis precisa de lo mencionable.
